LA HISTORIA DE VICKY GARCÍA

Cuando te cuesta ver tu belleza

Hoy decidí hacer mucho ruido.
Uno auténtico,
uno con elegancia,
uno que marca una nueva etapa en mi vida y que quiero compartir con el mundo.
Un camino en el que las enseñanzas me hicieron tocar el cielo y volver a la tierra muchas
veces.
En ese recorrido, Dios, con su amor y misericordia, puso en mi vida personas de una
hermosura espiritual que llenaron mi corazón de ánimo y de experiencias verdaderamente
humanas.
Muchas veces creemos que no debemos permitir que cualquiera entre en nuestras vidas,
y no siempre es así, porque también somos escogidos por algún propósito. Incluso
cuando algunas experiencias duelen —y sí, es normal—, suelen sanar. Pero lo
verdaderamente valioso son las lecciones y reflexiones que quedan, porque terminan
convirtiéndose en instrumentos de vida.
Por eso yo, Viky García, he decidido creer en mí y en ti. He decidido formarme como una
profesional multidisciplinaria en temas de belleza moderna, pero, más que eso, como una
asesora de imagen que te incomodará para que dejes de camuflar la hermosura que hay
en ti.
Seas hombre o mujer, muchas veces vivimos dentro de una armadura que sabotea la
aceptación de quiénes somos y de la perfección con la que llegamos al mundo para brillar.
La empatía radical y la claridad mental son enfoques que, de manera positiva, deben
incomodarnos.
No se trata de aceptarnos por resignación, sino de mejorar para nuestra propia
satisfacción. Se trata de permitirnos vernos, en los ojos de otros, como realmente somos y
como deseamos ser, entendiendo que, aunque podemos mejorar en muchos aspectos, lo
esencial vive dentro: eso se llama esencia.
Yo, como guardiana de la belleza corporal, no solo busco incomodarte, sino inspirarte e
invitarte a sentir un amor propio tan fuerte que sea imposible pasar desapercibido.
Persigue esos sueños.
No te detengas.
No descanses.
Y si llega la fatiga, haz una pausa… pero solo para tomar impulso, ese que te llevará al
siguiente nivel.
Quizás el silencio sea necesario y la empatía deba ser directa.
No persigas: atrae. No esperes: ve.
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